Travesera en Urriellu
Travesera. Triunvirato en Urriellu

TRAVESERA PICOS DE EUROPA 2016

Travesera 2016. Ya llovió. Menos que desde la época de Julio César, Pompeyo y Craso,  pero sí tanto como desde 2004 hasta aquí. Por aquel entonces, yo había corrido un par  -ni 10 ni 20, dos-  de carreras de montaña y, como montañero avezado y conocedor de Los Picos, cuando me enteré de la prueba, ni lo dudé, me inscribí al momento.

Luego supe que la cosa había surgido de una visita al antiguo maratón del Aneto. Benjamín y otros colegas del Grupo de Montaña Ensidesa Gijón se plantearon que aquí se podría hacer algo por el estilo y, pensando a lo grande, realizaron personalmente una prueba que, saliendo de Vegarredonda, recorría los tres macizos de Picos de europa hasta finalizar en Sotres, pero incluyendo la ascensión a las tres cumbres más altas, uséase, Peña Santa, Torrecerredo y Morra de Lechugales.

Es obvio que eso no era empezar a lo grande, sino a lo bestia. Por eso, se recondujo la idea y se decidió eliminar las cumbres. Con todo, salían 50 km y suficiente desnivel para asustar a muchos, por lo que

Aquella mañana de julio a las 4 de la madrugada en la Vega de Enol nos juntamos algo menos de 50 chalados en la línea de salida.

Yo, con mis botas de montaña puestas pues no tenía ni conocía otro calzado más adecuado, llevaba en la mochila el bocadillo que en los primeros años tomé por costumbre degustar al llegar al Jou Grande Bajeru.

Con ellas arranque como enloquecido y recuerdo cómo, a escasos dos kilómetros de la salida, mi mochila se abrió y fui sembrando el camino con mis pertenencias. Me avisó Enrique el maño, que corrió las primeras ediciones y ahora nos acompaña cada año como control en la subida de Jidiello y, cuando me lo dijo, yo pensé que estaba chalado, pero al mirar hacia atrás……tocó desandar casi un kilómetro para recoger la siembra. Sin duda, un buen comienzo.

Sin embargo, con el impagable amanecer en La Fragua, el día fue llegando y los kilómetros se sucedieron, primero por terreno muy conocido hasta el Jou Santu, luego descendiendo velozmente por Mesones hasta Cain.

Aquí empezaba otra vez la subida, entrando por el Seu Mabro a la interminable canal de Dobresengos. Y pensar que, en total, la he recorrido más de veinte veces…No es broma pues, a mi ritmo, son tres horas de subida prácticamente continua, con el escaso respiro del Jou Grande Bajeru, hasta llegar a la Horcada de Cain.

Una vez allí, la vista del Urriellu supone una inyección de ánimo difícil de explicar.

Y llegar a la Vega de Urriellu es alcanzar un oasis: Amigos, bebida, comida, ánimos….

Por todo esto, de allí cuesta salir, pero más aun cuesta llegar al siguiente hito: Remontar la Canal de La Celada y subir hasta Collada Bonita. Pero, eso sí, es imposible no girarse al alcanzarla y ver la sur y este del Urriellu…..no hay palabras, no hacen falta cuando la collada tiene ese nombre.

picos de europa collada bonita

Al otro lado, te asomas al Valle  de Moñetes, y  ves que el mundo es tan grande que ni siquiera atisbas a vislumbrar mínimamente Vegues de Sotres, muy lejos, muy abajo,  pero te lanzas al complicado descenso y una hora enterita después vuelves a sentir el calor de la gente, su ayuda y su aliento.

Entonces me acordé de todos aquellos que me fui encontrando por el camino, personas conocidas y desconocidas –hoy casi todas muy conocidas-  que velan durante muchas horas porque no nos extraviemos, que nos indican o aconsejan, nos animan y avituallan, nos supervisan y aleccionan, de quien te espera en la meta, de todos aquellos que, cada uno en su puesto, hacen de La Travesera –como diría un barcelonista-

“más que una carrera”.

Y, con ellos en la memoria, enfilas la gran dificultad que te resta: La Canal de Jidiellu. Son otros 2.000 metros de desnivel positivo sin tregua alguna, que se rematan con una trepadita de acceso en el canalón final….un digno postre.

Horcada de Valdominguero. Uno piensa: Ya está. Y, en parte, es cierto, por lo menos en lo que a subidas salvajes se refiere. Pero no es tan sencillo. Los kilómetros empiezan a pasar factura y, aunque en descenso primero por neveros tardíos y luego por buen camino, el trayecto se va alargando ya en exceso para nuestras mermadas fuerzas hasta que, pasado El Casetón de Ándara, cogemos la rápida pista que en un bis veo nos pone debajo del Colladín de Antesoles.

Sólo resta subirlo y lanzarse a Sotres en raudo descenso. Sobre todo si, como en la primera edición, allí te alcanzan dos fieras con los que luchas hasta la meta a brazo partido para, en resumen, llegar detrás de ellos, en la misma posición pero mucho más exhausto….cosas de las carreras. En la meta, sorpresa, puesto 17 de un total de 28 que conseguimos acabar, todo un éxito para la primera edición.

La sensación fue increíble, nunca pensé que lo lograría, pero también es cierto que tampoco lo dudé. Simplemente me metí en ello y seguí hasta que se acabó, tan fácil o tan difícil como eso. Era una demostración palpable de que el mejor músculo es el cerebro.

Curiosamente la demostración fue aun más clara cuando, unos años después, la meta se estiró hasta alcanzar Arenas de Cabrales, añadiendo no sólo la travesía de la Sierra de Portudera, si no el descenso final por el interminable suplicio en forma de irregular calzada de la senda de Caoru.

¡Y, si eres creyente, reza para que no esté mojado, vaya pista de patinaje!

Y la confirmación final de la teoría del músculo cerebral vino cuando, con otra vuelta de tuerca, en 2010 la salida descendía hasta Covadonga. Total, dos horitas más de subida, eso no es ná.

Así, de los primigenios 50 km pasamos actualmente a 74 y el desnivel se situó en 13.000 m. Y de momento, si el Parque de Picos de Europa y el Principado no lo “remedian”, así seguiremos.

Es obvio que las cosas se complican y, cada uno en su papel, todos intentan no patinar en un terreno ciertamente deslizante. Sólo espero que no lleguemos a eso de

“entre todos la mataron y ella solita se murió”.

El futuro no es, ciertamente, muy halagüeño, pero yo no pierdo la esperanza. ¿Cómo voy a hacerlo? Ya sea por la antigüedad, ya por responsabilidades y protagonismos en este mundillo y, también, por mi forma de ser bastante abierta, todos me conocen, me saludan y me apoyan, pero también me observan.

Emoción en meta travesera

No puedo transmitir pesimismo sobre el futuro de La Travesera, he de pensar en seguir disfrutándola muchos años. De momento, este año no fue el mejor para mí, pero desde que en 2015 toqué fondo pasando de 19 horas, volver a la senda de las 18 es agradable, y más cuando se va asumiendo que la de las 16 quizás no vuelva nunca…

Mientras tanto, con ese concepto inicial de “empiezo, pues acabo” llevo ya trece ediciones. Y digo 13 y no doce+una como diría Ángel Nieto porque es obvio que el mal fario nos ha respetado, tanto a mí como a Javier y a Toño.

Y a todos, por suerte, pero especialmente a nosotros tres porque somos un vestigio del pleistoceno, animales del cuaternario que han conseguido sobrevivir a las glaciaciones en forma de existencia o no de neveros en el recorrido; a cambios climáticos que han supuesto días de frio y de salvaje calor; a cambios de hábitat en el recorrido, que a veces sufre variaciones en función de las condiciones o del día que tiene el responsable del marcaje; a los vaivenes poblacionales que hacen de participar un premio en la lotería primitiva –aunque ahora ya somos enchufados, conste-; también a todas las luchas de poder dentro de nuestro grupo de congéneres homínidos, venciendo a todos aquellos que nos ponían impedimentos en forma de BBC (bodas, bautizos y comuniones), también incrementados con graduaciones, funerales….

Me preguntan a veces el secreto.

No lo hay, son muchos pequeños misterios. “¿Nunca os pusisteis malos a las puertas de la prueba?” Pues sí, pero fuimos igual y aguantamos mejor o peor. “¿Nunca tuvisteis una pájara salvaje?” Pues claro que vimos al del mazo, es de la familia, pero quizás por eso no nos da tan fuerte como para tumbarnos. “¿Y una mala caída, una lesión…?” Yo puedo hablar de romperme un labio con un bastón, de correr con rodillera de neopreno que por mucha vaselina que le pongas te deja la rodilla en carne viva, de un almax gel que estoy seguro supuso la diferencia entre abandonar o llegar, gripes y catarros, etc.

Y mis compis idem, eso lo sé bien. Incluso este año mi amigo Quintana se rompió mu malamente un dedo en una caída tonta delante de mí, pero yo me libré incluso de perder mucho tiempo en ayudarle, porque no me dejó ni vendárselo. Días después me comentaba como nuestra enajenación colectiva le llevó a plantearse continuar así….

Por eso, la mixtura de suerte y constancia es la responsable. Nosotros sólo nos dejamos llevar. Suena fácil ¿verdad? Y puede que lo sea, no lo sé, pero el caso es que aquí resistimos afortunadamente los tres. Porque, aunque un sobrino mío diga lo contrario, mira tú, vaya papeleta si sólo quedara uno. No quiero pensar la presión que supondría salir con la exclusiva de tenerlas todas acabadas, a ver quién es el guapo que se pone malo, se lesiona o, simplemente, se harta y dice ¡basta!

Así pues, lo digo de corazón ¡Larga vida al Triunvirato!

Alfredo García Cuetos – Grupo de Montaña Peña Mea (https://quebrapates.com/)

Disfrutar de este genial vídeo de la Travesera 2016, la carrera por montaña por excelencia!

Travesera 2016 Picos de Asturias

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