Psicología de las lesiones del corredor de montaña. 1ª parte

Oier Salaberria

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Psicología de las lesiones corredor de montaña

1.1 – La lesión como proceso de duelo

Corremos  por un bosque en un terreno cómodo, nos relajamos y “crack” nuestro tobillo se tuerce al pisar una piedra oculta entre las hojas, cuesta arriba notamos una pedrada en nuestro gemelo, cuesta abajo nuestra rodilla nos empieza a doler más de la cuenta…

Pasan los días y por más que apliquemos el ABC de las lesiones (elevación, hielo, reposo…) parece que el dolor se ha instalado en nuestro cuerpo.

Estamos en forma, llevamos tiempo entrenando, los objetivos del año están cada vez más cerca… pero estamos parados en casa en vez de correteando por el monte. Se ha producido una ruptura y no hablo de algo físico (que también puede ser según el caso), sino de una ruptura psicológica.

De repente, hemos roto con nuestra rutina, hemos perdido nuestras facultades físicas y lo que es más duro, nuestros sueños están en peligro.

Desde un punto de vista psicológico es interesante abordar la temática de las lesiones como un proceso de duelo. Comúnmente asociamos el duelo al fallecimiento de un ser querido y el dolor que esto conlleva.

Siendo este su principal enfoque, el duelo como proceso psicológico abarca diferentes pérdidas, rupturas o cambios que afectan el día a día de las personas.

Partiendo de esta perspectiva, podríamos clasificar las fases emocionales de la lesión en cuatro apartados: 

1- El shock:

En un principio es difícil asimilar lo ocurrido, no nos lo podemos creer y aunque parezca contradictorio, no nos sentimos abatidos o muy enfadados. Cuando el tema se torna serio, muchas veces no sabemos reaccionar ante la desestructuración de nuestra rutina y estos primeros momentos el cerebro se pone en “modo ausente” sin saber que pensar. Es un estado de índole apático fruto de la incertidumbre. Dependiendo de la persona, su experiencia previa y los objetivos que persigue, este primer choque puede alargarse en el tiempo.

2- Evitación, negación:

Muchos/as de nosotros/as en ocasiones hemos ignorado el dolor llamándolo “molestia” e intentando seguir con nuestro plan de entrenamiento con el propósito de no perder el estado de forma que tanto nos ha costado conseguir. Hay que ser conscientes de que esto es un error y prestar muchísima atención a la intensidad del dolor que percibimos de nuestro cuerpo para valorar su gravedad.

Si no es un daño muy evidente, tendemos a pensar que se pasará en unos días. Ciertamente, muchas veces tomarse unos días de descanso y algún masaje es suficiente.

3- Integración:

Tomar consciencia del cambio y sentir desesperanza nos puede llevar a pensar de forma errónea que vamos hacia atrás mentalmente. Hemos pasado de ese estado aparentemente tranquilo, sin ninguna emoción intensa a estar tristes o “de bajón”.

En ocasiones hemos leído relatos de la élite del trail running en los que afirman que “Es importante sentir la tristeza, al menos por un tiempo…” como por ejemplo comentaba la siempre sonriente Emelie Forsberg al romperse el ligamento cruzado.

La tristeza o la desesperanza son emociones muy naturales que debemos sentir, hemos perdido algo valioso y sería extraño estar contentos por ello.

4- Transformación:

La recuperación en este caso significa poder volver a correr sin dolor. Para evitar recaídas, debemos comenzar con calma y llevar una progresión siempre sin dolor. En esta fase las expectativas de futuro se disparan y tendemos a ser muy positivos, pero hay que ser precavidos ya que un empeoramiento del estado de salud puede hacer bastante daño a nivel anímico: estamos en un punto delicado, aunque todo parezca ir sobre ruedas.

En otros casos en los que no podamos volver a practicar nuestra querida afición, habrá que encontrar un sentido a lo ocurrido e integrarlo en nuestra nueva realidad: Esta realidad ahora forma parte de nosotros. Recibir asesoramiento psicológico por parte de un profesional siempre nos será beneficioso en este proceso de cambio.

lesión fase 2

1.2- El desarrollo de la lesión

La duración

A no ser que seamos un futbolista galáctico, el proceso de rehabilitación tiene una duración más o menos definida por el tipo de lesión. No hay que tener prisa.

La lesión interfiere en el funcionamiento general de la persona. Desde incapacitarnos para realizar nuestra actividad laboral hasta la irritabilidad que nos sale por los poros al estar encerrado entre cuatro paredes y que nuestro entorno más cercano sufra por ello.

No son momentos fáciles y hay que tener paciencia. Como me comentó una vez un buen amigo mío “Carreras hay muchas, pero salud sólo una”.

El camino de la lesión no es lineal

Muchas veces desconectamos de nuestra lesión inmersos/as en nuestra rutina diaria, pero volvemos a estar tristes a ratos. Es un proceso normal, conectamos y desconectamos de nuestro dolor y no debemos esperar que el tiempo transcurrido sea proporcional a nuestro estado de ánimo.

Con las sesiones de fisioterapia o similares pasa lo mismo: un día notamos una gran mejoría y otro puede haber retrocesos o molestias que vuelven a surgir.  Repito, no hay que tener prisa. Creo recordar haber leído en un libro del ultracorredor Dean Karnazes algo parecido a lo siguiente: “No importa lo rápido que vayas, si vas en la dirección equivocada”.

Diferentes formas de comportarse

La forma de vivir este stand by, es único y personal. El dolor en cambio es algo universal y lo que lo diferencia es su expresión. La teoría plantea estas dos tipologías:

  • Intuitivo: hay trail runners que hablan de sus sentimientos, de que están hechos polvo… están tratando el duelo desde un punto de vista afectivo-emocional.
  • Instrumental: Personas que tienen mucha energía y que se centran en estar continuamente ocupados con el trabajo, haciendo diferentes tareas… 

El dolor emocional y sus dimensiones

Existen cuatro dimensiones con sus respectivos niveles que interactúan entre ellos definiendo la manera de actuar de la persona afectada: espiritual, cognitivo, físico y emocional.

Por ejemplo, una persona más espiritual reflexionará sobre lo acontecido y buscará razones espirituales para explicar o seguir adelante. Otros/as le darán muchas vueltas a la cabeza, otros/as se obcecaran con la bicicleta…

Cada corredor/a es como es y ninguna de estas dimensiones es mejor que la otra. Lo importante es tomar consciencia de nuestra forma de afrontar esta etapa e intentar que una dimensión no predomine en exceso por encima de las demás.

Oier Salaberria Agirre.

Licenciado en Psicología,  Psicopedagogia y Corredor de montaña.

Termina por leer la 2ª parte: Psicología de las lesiones

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